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Los brillitos de Emilia Mernes no fueron casualidad: el detalle que convirtió en su sello
Son diminutos, aparecen debajo de sus ojos y terminaron siendo reconocibles incluso antes que algunas de sus canciones. Emilia Mernes buscaba un detalle propio y encontró una de las firmas visuales más identificables del pop argentino.

Alan Canale / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
En una industria donde la imagen puede ser tan reconocible como una canción, Emilia Mernes tomó una decisión consciente: quería tener algo que permitiera identificarla rápidamente. Ese detalle terminó siendo un pequeño cristal debajo de cada ojo.
La propia cantante explicó que comenzó a usar los brillos cuando inició su etapa solista. En una entrevista con EL PAÍS contó que buscaba un sello visual y que, incluso si alguien no recordaba su nombre, podía reconocerla como “la chica de los brillitos en los ojos”.
Un detalle pequeño que terminó construyendo una identidad
La idea fue evolucionando junto con su carrera. Su maquilladora Marisol Gutiérrez contó a TN que uno de los primeros looks con cristales apareció cuando Emilia fue telonera de Anitta en Buenos Aires. Con el tiempo, las piedras dejaron de ser un recurso para una ocasión especial y empezaron a repetirse en videoclips, shows, alfombras rojas y publicaciones en redes.
La constancia hizo el resto. Emilia contó que los cristales eran pequeños, que utilizaba pegamento de pestañas para colocarlos y que la intención detrás de repetirlos una y otra vez era precisamente convertirlos en una marca reconocible.
Incluso los brillitos tuvieron sus propias “eras”. En 2024, durante un video para Vogue España, Emilia mostró que había reemplazado los cristales redondos por pequeñas estrellas. Su explicación conectaba directamente estética y música: si su carrera estaba evolucionando, su símbolo también podía hacerlo.
Cuando el look también cuenta quién es el artista
Lo curioso es que una decisión aparentemente mínima terminó funcionando como una herramienta de identidad artística. Sin necesidad de un logo enorme ni un vestuario idéntico en cada aparición, dos pequeños puntos de luz alcanzaron para crear una asociación inmediata con Emilia.
Detrás de los brillitos hay entonces algo más que maquillaje: una decisión de branding tomada al comienzo de su carrera solista y sostenida durante años. Y quizás ahí esté el verdadero dato curioso: uno de los elementos más reconocibles de Emilia no nació por accidente. Fue pensado para que la recordaran.


