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Antes del turreo, La Joaqui tuvo que reconstruirse más de una vez
Antes de los hits hubo freestyle, años difíciles, maternidad, una relación que la alejó de la música y una voz que tuvo que aprender a recuperar. La Joaqui no llegó al turreo por un camino derecho.

Barcex, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
Hoy alcanza con escuchar unos segundos para reconocerla. La Joaqui convirtió el turreo, el RKT y esa forma tan propia de cantar y rapear en parte de su identidad. Pero mucho antes de los hits hubo una chica de Mar del Plata tratando de encontrar un lugar donde su voz pudiera existir.
Durante su adolescencia atravesó problemas con las drogas, algo de lo que ella misma habló públicamente sin esconderlo. También contó que durante años vivió al límite y que el freestyle apareció en medio de esa etapa como un espacio capaz de darle otra dirección.
Antes de encontrar su sonido, tuvo que pelear por tener un lugar
Las plazas y las batallas fueron su primera escuela. La Joaqui se metió en una escena donde casi todos eran hombres y terminó convirtiéndose en la primera mujer en clasificar a la Batalla de los Gallos de Red Bull en Argentina.
Ese lugar no llegó sin resistencia. En distintas entrevistas recordó el machismo de aquellos años, las críticas y el derecho de piso que debían pagar las mujeres que querían competir. Su nombre empezó a crecer dentro del freestyle cuando todavía era extraño ver a una mujer ocupando ese espacio.
Después llegó la maternidad y con ella otra transformación. La Joaqui contó que convertirse en madre modificó la manera en la que miraba su carrera, sus responsabilidades y también su relación con las drogas. La música dejó de ser solamente una pasión: también tenía que convertirse en una forma de construir estabilidad.
Pero hubo otro momento en el que todo volvió a frenarse. La cantante relató públicamente que atravesó una relación marcada por la violencia y que durante aproximadamente dos años quedó alejada de su círculo, de las redes y de la música.
En ese período también desapareció material de su carrera que había construido durante años. No era solamente tener que volver después de una pausa: parte de lo que había hecho hasta entonces ya no estaba.
La relación también había dejado otra marca. La Joaqui contó que había escuchado tantas veces que no sabía cantar que terminó creyéndolo. Incluso después de empezar a estudiar canto seguía teniendo ataques de pánico antes de subir a un escenario y prefería refugiarse en el rap o en recursos que le resultaban más seguros.
Volver significó reconstruirse casi desde cero. Repensó su proyecto, estudió canto y empezó a dejar entrar sonidos que antes quizás hubiera rechazado por miedo a que dejaran de considerarla rapera.
Ahí apareció otro quiebre. La Joaqui empezó a mezclar el flow que había desarrollado en las batallas con cumbia, reguetón y RKT. El turreo dejó de ser un género ajeno a su historia y se convirtió en la forma de contarla desde otro lugar.
Con canciones como “Butakera”, “Dos Besitos” y “Mañosa”, esa nueva etapa terminó llegando a un público mucho más grande. La freestyler que años antes tenía que demostrar que merecía estar en una batalla se transformó en una de las referentes femeninas del RKT argentino.
Y quizás ahí está lo que más conecta su historia con quienes la siguen. La Joaqui no construyó un personaje perfecto. Su recorrido está lleno de etapas que terminaron, cosas que tuvo que soltar y momentos en los que parecía necesario empezar otra vez.
Antes del turreo estuvo el rap. Antes de los hits hubo plazas. Y antes de la versión de La Joaqui que hoy llena escenarios hubo una artista que tuvo que recuperar más de una vez las ganas, la carrera y hasta la confianza en su propia voz.


