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El Madison desapareció de las pistas… hasta que Hairspray lo hizo volver

Fue uno de los bailes que marcaron el comienzo de los años 60: filas, pasos compartidos y una voz que indicaba qué hacer. Después perdió el centro de la escena. Veintiocho años más tarde, John Waters lo puso frente a una nueva generación.

EMA MUSIC ·

Bailarines ejecutando el Madison en formación

Demostración del Madison. Foto disponible en Wikimedia Commons.

Antes de quedar ligado para siempre al universo de Hairspray, el Madison ya tenía su propia historia. A fines de los años 50 comenzó a extenderse como un baile colectivo en el que los participantes formaban filas y repetían una secuencia de pasos al mismo tiempo.

Una de las referencias más tempranas lo ubica en Columbus, Ohio, donde ya se bailaba hacia 1957 y 1958. Para 1960, la fiebre había crecido lo suficiente como para inspirar canciones creadas específicamente para acompañar esos movimientos.

Entre ellas apareció “The Madison Time”, del Ray Bryant Combo. La grabación tenía una particularidad que ayudaba a entender el fenómeno: una voz iba anunciando indicaciones mientras la música avanzaba, casi como si dirigiera a toda la pista.

Durante un breve momento, el Madison no era simplemente un baile: era parte de la cultura juvenil estadounidense.

Entonces apareció una forma completamente distinta de bailar

Otra secuencia del baile Madison
Otra secuencia del Madison. Foto disponible en Wikimedia Commons.

Los primeros años de la década también trajeron una transformación enorme. El Twist convirtió el baile individual y más libre en una nueva sensación popular. Ya no era imprescindible colocarse en filas ni repetir una coreografía junto al resto de la pista.

El Madison fue perdiendo el lugar central que había alcanzado como moda. No desapareció por completo, pero con el paso de los años dejó de representar aquello que estaba ocurriendo en ese preciso momento.

Y ahí podría haber terminado la historia.

Veintiocho años después, John Waters lo llevó de nuevo a la pista

En 1988 se estrenó Hairspray. John Waters ambientó la película en el Baltimore de comienzos de los años 60, entre programas televisivos de baile, adolescentes obsesionados con la música y una ciudad atravesada también por la segregación racial.

Para reconstruir aquella época, Waters no se quedó solamente con la ropa, los peinados o los discos. También recuperó los bailes que habían acompañado a esos jóvenes.

John Waters durante una aparición pública en 2014
John Waters en 2014. Foto disponible en Wikimedia Commons.

Y entre ellos estaba el Madison.

“The Madison Time”, del Ray Bryant Combo, terminó formando parte de la banda sonora oficial de Hairspray. La misma música que había acompañado la fiebre de 1960 volvía a sonar en una película estrenada casi tres décadas después.

El detalle es pequeño, pero explica por qué algunas modas nunca desaparecen del todo. A veces no necesitan volver a ocupar el primer puesto ni convertirse nuevamente en tendencia. Solo necesitan que alguien recuerde por qué fueron importantes.

Hairspray hizo exactamente eso con el Madison. Veintiocho años después de su gran momento, aquel baile de filas y pasos compartidos volvió a quedar frente a una audiencia masiva.

Tal vez ya no era el baile que todos querían aprender. Pero por unos minutos volvió a ser 1960.