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MundoGaita no es un solo instrumento. Es una palabra que viaja.
En Galicia es una cornamusa: fol, puntero, bordón. En Venezuela es un género, casi sin viento. En Colombia son flautas de cardón. Mismo nombre, tres cosas.
Susana Seivane, Festival Intercéltico de Lorient 2009. Foto: XIIIfromTOKYO / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.
Si alguien dice gaita, no estamos hablando de lo mismo. En España —sobre todo en Galicia, también en Asturias y el norte de Portugal— gaita es un instrumento de viento: una cornamusa. Tiene un fol, la bolsa donde se guarda el aire; un puntero, el tubo con el que se hace la melodía; y uno o más bordones —roncón, ronqueta— que suenan todo el tiempo, esa nota grave que no para. El gaitero aprieta el fol con el brazo y sopla. El sonido no se corta entre frase y frase. Por eso se la escucha a kilómetros, en una romería o en una marcha.
Sirve para marcar territorio sonoro. Melodía arriba, zumbido abajo. No es un sintetizador ni un plugin de “Celtic”. Es un instrumento de lengüeta, de madera, de pulmón y de brazo. La gaita gallega es prima de la escocesa y de la asturiana: misma familia, digitación y timbre distintos. Si en una producción aparece ese drone constante, alguien está imitando eso. En un DAW se puede samplear. En vivo, hay que llenar el fol.
En Latinoamérica la palabra se fue a otra parte. En Venezuela, gaita —gaita zuliana, de Maracaibo— es un género. Furro, cuatro, maracas, charrasca, tambora, voz. Navidad, pero también el año entero. Y acá viene el dato que desarma el malentendido: en la gaita zuliana tradicional no hay instrumento de viento parecido a la cornamusa. Se llama gaita y no se toca una gaita. Los españoles dejaron el nombre. El Zulía armó otra música.
En la costa Caribe de Colombia, gaita sí es instrumento otra vez, pero no es una bolsa. Son flautas indígenas de cardón, cera y pluma: gaita hembra (melodía) y gaita macho (acompañamiento), casi siempre juntas. Los españoles las bautizaron así porque les recordaron las suyas. No tienen fol. No tienen roncón. Son kuisi, en la lengua de origen. El conjunto, el instrumento y el ritmo se pueden llamar gaita. Tres usos, una etiqueta colonial.
Por eso EMA explica esto acá. No para armar un manual de gaitero. Para que cuando un beat “suene a gaita”, o una playlist de diciembre tire gaita zuliana, o un documental muestre flautas de la Sierra Nevada, no se mezcle todo en el mismo cajón. El under, el pop y el folklore se prestan nombres. El oído tiene que saber qué está prestando.
Una gaita, si es el instrumento europeo, es fol más tubo. Si es Venezuela, es un género de cuerda y percusión. Si es Colombia, son flautas de a pares. Mismo diccionario. Tres máquinas distintas. El resto es poner play y escuchar cuál de las tres está sonando.


