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Popstars vende una banda. El programa vive de las que se van.

De 15 mil pibas a un no en vivo. A 25 años de Bandana, el formato volvió a Telefe. El hit sigue siendo la eliminación.

EMA MUSIC ·

Nicki Nicole cantando en KEXP, Centro Cultural Kirchner, 2022

Nicki Nicole en KEXP, CCK, 23 septiembre 2022. Foto: Romina Santarelli / Ministerio de Cultura de la Nación, CC BY-SA 2.0.

Popstars promete una banda. Lo que llena la hora es el corte. El lunes 24 de agosto volvió a Telefe y Disney+, 25 años después de Bandana y Mambrú. Nico Vázquez conduce. Nicki Nicole, Ángela Torres y Charlie García —el productor de Sony México, no el otro— eligen. Miles se anotaron. Unas pocas van a firmar el sueño. El resto sale por televisión.

El número de largada no es un dato de color. Fueron unas 15 mil. Después, 60 en los talleres intensivos. El 4 de septiembre, la mitad se fue en una noche: tríos, una hora para armar canto y coreo, jurado en la mesa. Agustina Fernández, Karina Salas, Florencia Ronconi, Gianella Zárate. Mía Daiana Torres no se fue callada. Le dijeron que no. Preguntó: “¿Qué es lo que vieron que me faltó?”. Dijo que lo había hecho bien. Charlie García contestó lo que responde siempre la industria cuando no hay un error para señalar: el conjunto no era lo que estaban buscando hoy.

Esa pregunta es el programa. No el estribillo de la futura banda. “¿Qué me faltó?” es el momento en el que una piba, todavía con el click del micrófono, le pide al sistema que le explique el recorte. Nicki le dijo que estaba en todo su derecho. Días antes, en la previa, había ensayado la consuelo de fábrica: que el no de acá no cierra el sueño, que sirve para mejorar. En el estudio, el no igual corta. Nico Vázquez abraza. La cámara no se va. El formato necesita ese plano.

Hace 25 años el mismo molde fabricó Bandana. Vendieron discos, llenaron estadios, se volvieron la bandera del ciclo. Este año no las llamaron. Vázquez lo dijo sin vueltas: nunca iban a estar. Siguen vigentes, pero el revival no les pidió el sello. El original es nostalgia. La materia prima son otras adolescentes, otra vez.

La ironía de 2026 es el jurado. Nicki Nicole no salió de un reality de girl band. Salió de Rosario, de un celular, de una sesión de Bizarrap, de un circuito que Popstars no inventó. Ahora es ella quien entrega el sobre. Ángela Torres se ve en las pibas. Charlie García habla de que el español rompe en el mundo y de que cada tanto vuelven las girl bands. El disco que el programa quiere armar llega tarde a una industria que ya fabrica solistas en un DAW. El reality, igual, necesita un grupo para tener una final.

Por eso las eliminadas no son un descarte lateral. Son el contenido. Quince mil en el casting. Treinta menos en una noche de talleres. Una que se enoja. Una que pregunta. Una que ya se veía afuera y pasa, y grita. El público no se queda por el nombre de la banda que todavía no existe. Se queda a ver quién se cae. En 2001 eso era el costo de fabricar un fenómeno. Ahora es el fenómeno: una hora de televisión hecha de recortes.

EMA no está para armar el ranking de la que debió quedar. Está para mirar el mecanismo. Popstars no volvió a resolver cómo se hace una banda en la Argentina de las plataformas. Volvió porque el no, en vivo, todavía rating. La banda —si sale— va a tener un tema. Las que se fueron ya tuvieron su plano. En este formato, a veces, es lo único que hay para llevarse.