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Universal demandaba a la inteligencia artificial. Ahora también le alquila las canciones.

El sello más grande se asoció con ElevenLabs, una empresa que copia voces. Un fan va a poder remezclar temas. El artista tiene que decir que sí.

EMA MUSIC ·

Auriculares de estudio
Auriculares Beyerdynamic DT 990 Pro. Foto: ChromeGames923 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Universal Music Group es una de las tres compañías más grandes de discos del mundo. Las otras dos son Warner y Sony. Un sello, en criollo, es la empresa que firma a un artista, es dueña de la grabación y cobra cuando esa canción suena en Spotify o en un video. Esta semana Universal anunció un trato con ElevenLabs. ElevenLabs no es un cantante. Es una empresa que hace programas capaces de copiar una voz.

Van a armar juntos una página. Según ellos, un fan va a poder mezclar canciones que ya existen, cruzar un tema con otro y escuchar versiones nuevas, incluso con una voz que suene a alguien famoso. No es un estudio de grabación. Es un permiso: la compañía deja que un programa use esas canciones.

Ese permiso no es para todos los artistas. Hay que decirlo claro: el cantante o el grupo tiene que aceptar. Si no dice que sí, su música no entra. No es que mañana cualquiera le cambia la letra a un hit de Bad Bunny o de Taylor Swift. EMA no va a adivinar cuántos van a aceptar. El dato es ese: hay que marcar que sí.

Un día antes pasó otra cosa parecida. Suno es otro programa. Este no copia una voz: inventa canciones si le escribís lo que querés oír. Warner —el otro sello grande— acaba de dejar que Suno aprenda con sus discos. Universal, en cambio, sigue en juicio contra Suno, junto a Sony. Dice que copió música sin permiso. La misma industria firma con una inteligencia artificial y demanda a la de al lado.

Durante un par de años los sellos fueron a los tribunales. Los programas se habían tragado discos enteros para “aprender” a hacer música. Ahora una parte de esas mismas compañías cobra por abrir la puerta. El presidente de Universal habló de plata nueva para artistas y autores. ElevenLabs dijo que van a cobrar “de forma justa”. Eso lo dicen ellos. Lo que se ve es el cambio: de “esto no se toca” a “esto se alquila”.

Para el que escucha, todavía no hay un botón en Spotify. Esta página todavía no está en el celular. Puede servir para oír un tema de otra manera. También puede hacer que una voz famosa suene en un audio que esa persona nunca grabó. Las dos cosas pueden pasar. Por eso importa que el artista acepte: no es lo mismo un remix con permiso que una copia suelta de la voz.

EMA no está para festejar la máquina ni para pedir que la cierren. Está para mirar quién cobra cuando una canción deja de ser solo un tema y pasa a ser material para que un programa trabaje. Spotify te entrega la canción. Si el sello firma, la inteligencia artificial te entrega otra versión. Si el artista dice que sí, entra. Si dice que no, su música sigue siendo la de siempre.

El juicio sigue. Al lado, abrieron una caja para cobrar.