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Charly García se tiró de un noveno piso. A una pileta. Salió nadando.
No fue Miami. Fue Mendoza, Hotel Aconcagua, 3 de marzo de 2000. Abajo pensaron que se mataba. Él ya estaba en el agua.
Charly García, Cosquín Rock, 12 febrero 2011. Foto: Damian Zanini / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.
Cuando alguien dice “Charly se tiró a la pileta”, casi siempre imagina Miami, un hotel yanqui, una locura de gira. No fue ahí. Fue Mendoza. Hotel Aconcagua, calle San Lorenzo. El 3 de marzo de 2000, al mediodía. Desde el noveno piso a la pileta del segundo. Unos dieciséis metros. La gente en la vereda pensó que se suicidaba. Salió nadando.
Charly García es Carlos Alberto García Moreno. Músico de rock argentino. En los setenta armó Sui Generis con Nito Mestre. Después Serú Girán. Canciones que se siguen cantando en un asado y en un estadio. No hace falta el catálogo para entender esta nota. El nombre ya alcanza. El salto, también.
Estaba en Mendoza por un recital gratis. El ciclo se llamaba Argentina en vivo. Tocó en el estadio Malvinas Argentinas, con Nito Mestre y Mercedes Sosa —la de “Gracias a la vida”, folklore. Hubo más de treinta mil personas. Después, la noche se desarmó. Circula que hubo un lío en un bar, un comisario que le dijo que era un ciudadano más, horas en una comisaría. EMA no va a certificar el parte. El hecho que se filmó es otro.
Al día siguiente, desde la terraza del noveno, se tiró. La pileta no estaba hasta el borde. Había cámaras abajo: una conferencia de prensa en el mismo hotel. Un camarógrafo en la calle San Lorenzo disparó justo cuando el cuerpo cruzó el aire. Duró tres segundos. Charly, a los periodistas: que fue la primera cosa deportiva que disfrutó. Después dijo que había ensayado, que tiró objetos para medir, que tenía un solo salto.
No era un accidente. Tampoco un chiste de Twitter: no había Twitter. El video dio la vuelta al país. Olé lo puso en tapa. Meses después, en un disco de Sui Generis, salieron dos temas: “Me tiré por vos” y “Noveno B”. La locura se volvió canción. El hotel sigue. Ahora se llama Raíces Aconcagua. La pileta está. La gente pregunta.
EMA no está para decir si estaba loco. Está para mirar el mecanismo. Un músico que ya era mito hizo algo que no se puede explicar en un comunicado, y el país lo guardó como se guarda un gol. El rock argentino no pidió permiso para volverse imagen. Esa imagen es un tipo en el aire, y después un tipo en el agua. El resto —si “quedó bien”, si era para el policía, si era para la cámara— no lo resuelve el salto. Lo resuelve quién lo mira.
Abajo pensaron que se mataba. Él ya estaba nadando.


